sábado, 16 de octubre de 2010

Últimamente, todo lo que no sea Fred Astaire me parece rudo, incivilizado y demasiado moderno. Acabo siempre en esas canciones swingueantes, delicadas, con el vago ensueño de los arreglos orquestales y la tranquilidad casi irónica de su dicción perfecta.

Creo que había un artículo de Azúa sobre la oposición Kelly-Astaire. Astaire sería lo clásico. A mí, la verdad, es que esas cosas me dan un poco lo mismo, pero no sé por qué no puedo dejar de escuchar esas canciones, embeleso recurrente del que no me quiero separar.

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