Leo ayer un breve ensayo de Rushdie sobre la pereza. La pereza y sus "oscuras acólitas": la acedia, la tristeza y la anomie; quizás no se trata de cuatro hermanas -pálidas, románticas, suspirantes y débiles- sino de tres descendientes -tristitia, anomie y pigritia- de la rama común de la acedia, el demonio del mediodía que acechaba al clérigo laborioso en el meridiano de la jornada, según cuenta Chaucer. La pereza sería una especie del genero de la acedia, malestar primero; una forma de estupor, de desagrado, que se manifestaría en parálisis de la voluntad o en tristeza después, pero que además presentaría una especie de interrogación sobre el destino de los esfuerzos. Esa paralización de la voluntad es la acedia, y se disfraza de melindrosa pereza, o de tristeza, pero incluye algo más, algo que la hace, digamos, *filosóficamente* interesante: el cuestionamiento del esfuerzo y de la causalidad, del fin de las cosas, del ritmo y de la producción, de la secuencia, de la trama de hechos y consecuencias que conforman no ya el orden humano sino la propia realidad del mundo. Se entiende aquí su naturaleza de pecado, pecado horrible, pues pareciera que el acechado por este demonio planta al Dios que honraba hasta entonces con su trabajo para entregarse a una *huelga espiritual*. Innumerables han sido los que han engrosado el ejército de ociosos, de insumisos de la tarea humana de servir al orden natural (natural o no). Quien sufre de acedia cuestiona su lugar en el mundo y la razón de todo esfuerzo, de modo que cuestiona el mundo: no cree en todo el sistema de recompensas, no cree en la causalidad. La acedia es un inicio de escepticismo, de descreimiento.
Quería traer el artículo de Rushdie hasta aquí porque en él mencionaba como ejemplo literario de perezoso al Tyrone Slothrop de El arco iris de gravedad de Pynchon. Rushdie considera que son dos los grandes temas de la obra de Pynchon: la paranoia y la entropía. Sus personajes son, fundamentalmente, paranoicos o entrópicos. La paranoia pynchoniana es lúcida: existe un significado que se nos oculta. La gran conspiración -corporativa, judeomasónica [el franquismo fue paranoico, y me pregunto quién ha sido el más pynchoniano de nuestros escritores, el que más se ha reido de esa delirante construcción franquista que vista ahora nos parece divertidísima y no sabemos si enfermiza o sana: el mundo no es el mundo, las cosas no son como son, existe un poder oscuro, sombrío, que conspira contra nosotros]gubernamental o simplemente la de nuestros propios sentidos-oculta lo que hay detrás. Afirma Rushdie el carácter positivamente pesimista de esta paranoia: en el mundo hay algo real, un significado, pero no nos dejan verlo. El reverso negativo de la visión de Pynchon sería la entropía. La entropía vendría a decirnos, a partir del enunciado de la segunda Ley de la termodinámica, que somos, valga la expresión, un absurdo caño roto de energía. Lo más cálido cede su calor a los más frío y unos y otros, nosotros y las cosas, vamos perdiendo la energía hasta un Punto Cero de Nada, de pura Nada. Desvela Rushdie que Tyrone Slothrop es un anagrama de Sloth or Entropy, pereza o entropía. La pereza, hija pasiva de la acedia, es consecuencia de despertar a la posibilidad de la Nada, del absurdo. La entropía es la enunciación física de ese absurdo al que todo se aboca.
Leo a Mailer mientras escucho a Copland. La America maileriana mientras de fondo suena Billy the kid, o esa pieza fascinante que es Quiet City. Copland evoca la belleza palpitande del continente y las primeras figuras de la mitología yanqui: Lincoln, Billy el niño, las ciudades tranquilas antes del ferrocarril, los indios, el corazón del western, la divertida vida incesante junto a la severidad pionera y Mailer remata el siglo XX con el retrato hilarante y lúcido de tantas convenciones políticas. El análisis político de Mailer a veces parece ingenuo, radical y otras veces demasiado literario, demasiado libre, pero en eso estriba su atractivo. Sus retratos políticos son fabulosos, pero es aún capaz de entrar y salir de la política. Podemos leer que uno de los problemas acuciantes de la vida norteamericana en los noventa es la mala calidad de productos mil veces anunciados, esa mentira, convivir con esa mentira o, por ejemplo, "los estragos espitiruales de la gran empresa", entre los que menciona "el plástico o las ventanas herméticas de los hoteles caros". ¿Son esas ventanas el problema de América? No, claro, pero son una imagen de inutilidad, encierro, estúpida opulencia, paranoia y mala conciencia -protegerse de fuera hasta no poder abrir la ventana, hasta el enrarecimiento-. Mailer es un periodista único, el mejor que he leído junto a Pla.
Habla Mailer de la "cólera pública fundamental", la cólera pública de los republicanos contra el batallón de subsidiados. ¿Y no es lucidísima esa expresión? ¿No es la clave de todo vuelco político la generación de esas oledas masivas de cólera pública? ¿no se larva esa indignación furiosa en la derecha, por ejemplo, y no es eso el primer paso para toda movilización política? ¿NO es la cólera un pecado? ¿No somos nosotros, como pueblo, no es una nación capaz de pecado? Mailer, pese a todo su radicalismo, habla de la Nación, de America con un animismo romántico y desesperado -ingenuo no, desesperado-, embuido él mismo de la pasión ciudadana, de la pasión americana que me llegaba de fondo con los compases de Copland, como Ives uno de los grandes narradores americanos. La historia de América nos pertenece a todos. Es apasionante. America es un país con una pasión y sus políticos aún hablan de Dios.
¿Encontrarán nuestros gobernantes un término propagandístico que suene como el new deal, new frontier o la great society? ¿Serán capaces? ¿Algo que no sea el yes, we can, el mero slogan, un paquete de medidas, coherentes, globales, que vayan unidas a un apelación ética y que en si mismas contengan una ilusión, una convocatoria?
Una última del genio político de Mailer: la ley de la conversión en lo contrario. Según esta ley el único partido que puede ir a una guerra es el demócrata, porque se desconfiaría de las razones del republicano. Por lo mismo, jamás un demócrata podría abandonar una guerra. Sería acusado de falta de patriotismo.
domingo, 28 de febrero de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
Exaltación africanista en la música de McLean. Pienso de repente en África como la salvación del romántico. El lugar palpitante, oscuro, aún secreto y suficientemente orgánico como para que pueda haber poesía. La euforia del hard-bop de Jackie Mclean y la fluidez corrosiva de su sonido me exaltan.
"Estilo de vida fiduciario". Mailer sobre el gobierno de Reagan y de Maria Antonieta. El flautista de Hamelín, le llama. Conmoviendo la sentimentalidad machista -propia de un film de serie b- de su electorado. ¿Cómo escribiría Mailer sobre Aznar?¿Qué diría de su reciente foto enseñando el dedo corazón al coro de muchachos subversivos? El dedo aparece articulado, con una inclinación irónica, levemente arqueado, como para entrar en un cuerpo cavernoso, no del todo recto. Ese dedo no es un dedo de increpación sino de estimulación. Un dedo conocedor del secreto placer de las mujeres, un dedo lleno de técnica, con falanges fuertes capaces de aguantar el tirón. Un dedo explorador. La madurez de Aznar rebosa vitalismo y eso, cuando hoy observa uno la foto de Solana, mustio y cabizbajo, le distingue del resto. Nada de papadas caídas ni estómagos flácidos. La actitud de severidad física de Aznar es un planteamiento ético: nada de morbideces ni reblandecimientos, nada de molicie, ni por asomo cultivar ese aspecto de suave sodomía de los políticos maduros. Aznar, erguido, seco, enjuto, ofrece un sensacional ejemplo de voluntad viril. Sigue siendo asombrosamente hortera, con un sentido de la coquetería tan íntimo, tan personal que nos parece un émulo celoso de algún secreto modelo, probablemente antiguo, de sus años juveniles. La melena, las pulseras, las bufandas enormes, la musculación sin grasa... ¿qué modelo tiene en mente Aznar? ¿Qué masculinidad persigue arrebatado? ¿No hay algo tiernamente juvenil en todo eso?
El diario es memoria.
"Estilo de vida fiduciario". Mailer sobre el gobierno de Reagan y de Maria Antonieta. El flautista de Hamelín, le llama. Conmoviendo la sentimentalidad machista -propia de un film de serie b- de su electorado. ¿Cómo escribiría Mailer sobre Aznar?¿Qué diría de su reciente foto enseñando el dedo corazón al coro de muchachos subversivos? El dedo aparece articulado, con una inclinación irónica, levemente arqueado, como para entrar en un cuerpo cavernoso, no del todo recto. Ese dedo no es un dedo de increpación sino de estimulación. Un dedo conocedor del secreto placer de las mujeres, un dedo lleno de técnica, con falanges fuertes capaces de aguantar el tirón. Un dedo explorador. La madurez de Aznar rebosa vitalismo y eso, cuando hoy observa uno la foto de Solana, mustio y cabizbajo, le distingue del resto. Nada de papadas caídas ni estómagos flácidos. La actitud de severidad física de Aznar es un planteamiento ético: nada de morbideces ni reblandecimientos, nada de molicie, ni por asomo cultivar ese aspecto de suave sodomía de los políticos maduros. Aznar, erguido, seco, enjuto, ofrece un sensacional ejemplo de voluntad viril. Sigue siendo asombrosamente hortera, con un sentido de la coquetería tan íntimo, tan personal que nos parece un émulo celoso de algún secreto modelo, probablemente antiguo, de sus años juveniles. La melena, las pulseras, las bufandas enormes, la musculación sin grasa... ¿qué modelo tiene en mente Aznar? ¿Qué masculinidad persigue arrebatado? ¿No hay algo tiernamente juvenil en todo eso?
El diario es memoria.
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