domingo, 17 de octubre de 2010

Está bien el artículo de Adela Cortina. Se habla del Frankenstein de Mary Shelley como inicio de la neuroética, pero la autora, antes que advertir sobre los peligros de la tecnología y la búsqueda incesante de la perfectibilidad humana, de lo que habla es de soledad. Es curioso, pero... ¿no es propio de la soledad la conciencia monstruosa de uno mismo?

******


Ayer, sentado en un lugar tranquilo, veía pasar de noche a la gente camino de los pubs. Reparé en un grupo de cuatro jóvenes, no muy lejos de mi edad: reían con una impúdica rotundidad, achispados, parecían glotones o lujuriosos. Había algo desagradable y degradado en sus miradas de entendimiento y me recordaron a las representaciones artísticas de las criaturas infernales y de los pecadores que se arreciman en los infiernos. Esa es la cara que nos deja la ebriedad. La pérdida de algo humano, un rostro sin virtud.

****

Hay dos cosas en la representación de lo deomoníaco e infernal que conviene no olvidar. En primer lugar, las tentaciones del demonio son urgentes, perentorias. El mal no tiene paciencia. Los eremitas tentados, los san antonios, resisten si aguantan. Otro aspecto curioso es que muchos de los rostros del mal nos resultan ahora cómicos, casi divertidos. El demonio que se lleva a una monja en un detalle de la catedral de Chartres tiene un aire de máscara y payaso -además de ser clavado al periodista deportivo Corrochano-. El Baldus de Folengo es parodia dantesca y anticipo del Gargantúa de Rabelais. Parece que en algún momento lo caricaturesco, lo carnavalesco, lo inconsciente adoptara las antiguas formas del demonio. Hay en el libro de Eco una serie de representaciones del demonio, extraidas de un Diccionario Infernal del s. XIX que tienen algo divertido, caricaturesco, casi como tipos humanos moralmente deformados. Esto coincide con la evolución protestante que ve lo demoniaco en los vicios personales, que nos va trasfundiendo lo demoniaco. Sería interesante ver esto en las representaciones oníricas, en la trastienda surrealista del yo y en el carnaval, cuyas máscaras están entre lo cómico y lo terrible.

****

En EP de hoy, en la separata valenciana, entrevista a Dacosta, cocinero creador. Una página entera. En España, la cuestión estética más debatida es Mourinho -al que hoy le dedicaban lindezas y esfuerzos Marías y Boyero- y los cocineros hablan de si mismos con la seriedad circunspecta de los arquitectos. Sin duda, la alta cocina es un signo de refinamiento, pero alguien, alguna vez, debería dejar claro que lo que se cocina y se come no eleva el espíritu, ni trasforma el alma, ni, por decirlo de un modo menos vago y anticuado, precisa operación intelectual alguna. La cocina acaba en una melancólica transición intestinal. No es lo mismo deconstruir un potaje y quintaesenciarlo que escribir un soneto. Pero ya da igual. Esto es, casi, casi, el acabose.

****

Frase de Sartre para imprimir en una camiseta: "El dandismo es un suicidio lento".

No hay comentarios.: