domingo, 10 de octubre de 2010

camino de madrid
el sol parece un poster para flipados esotéricos,
el ojo vacío y melancólico de un perro.
este paisaje de tu infancia recuerda max max
no es la mancha, es el final de seven
un camposanto postindustrial
sembrado de molinos eólicos que más que del viento se apoderan de la luz más dulce
esa que surge al apretarse el día contra las sombras.
piensas por un momento en agarrar el móvil y echar la foto
pero es lamentable la resolución
así que aceleras furioso tu coche japonés,
el bólido maldito de pier-no-doy-una
penetrando el atardecer

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