domingo, 17 de abril de 2011
Estoy en Cádiz. Suenan de fondo las campanas de la catedral. Los colores metálicos de su sonido le hacen acer a uno en un ensueño medieval. Es un sonido antiguo, protector, religioso y civil. Las campanas eran la llamada a un hecho metafísico o las llamadas a una convención civil. Tienen algo profundo y resumen, de un modo magico, poético, inefable, una propensión institucional del hombre. Son una forma misteriosa, antigua, de convencion, institución y encuentro. Leo filosofía y no puedo dejar de pensar: son sonidos de cuando existia Dios. Las campanas nos llaman a un encuentro con él al que no acudimos, pero la resonancia sentimental está ahí. En Cádiz, las campanas rivalizan con las sirenas de los barcos que se despiden. Los grandes cruceros de extranjeros rubicundos, con camisas de flores, que desembarcan para tener su jornada gaditana. Los largos mugidos de los barcos se despiden de la ciudad, y en el aire queda su melancólico adiós. *************Cádiz de prepara para la Semana Santa. Hay en esta celebración una forma de inmadurez que me incumbe. Inmadurez quizá no sea la expresión. Es la festividad religio que más nos llga a muchos, pero es, a mi entender, una celebración de crisis, del cristianismo agonizante porque parece ser la forma de religiosidad de los que no tienen ya fe, o no teniéndola quieren tenerla: la muerte de Cristo se representa, se dramatiza e incluso se revive -las semanas santas cruentas, de martirio- y en eso hay un intento de encarnar, de recrear para dar vida, para hacer el dogma algo real, algo creible, vivo. Hay algo agónico, desesperado. Las solemnes repreentaciones del calvario parecen revivir el episodio. El fervor, la música, el rito, ailan el cuadro y por un momento sentimos la antigua emoción. Por un momento. Es la efusividad esforzada de los que no tienen fe.********************** A vueltas con mi Madrid. En veotv, elmundo, marca, margen conservadora, más o menos liberal, del periodismo madrileño, van a colocar a garcia, supergarcía, el butano. Así, el asedio a la casa blanca será absoluto ya sin salir de Madrid. La facción progresista, belcalcística, del mundo de prisa y sus ruinas o exilios, por un lado, asediando a mourinho y su fútbol y actitud no dogmática, carismática, sincera y políticamente incorrecta que impugna todo el entramado culé. Por otro, supergarcía zurrando a Florentino, vieja debilidad personal. De hecho, se dice que pérez remató la carrera de garcía. Ahora, invitado por la necesidad de audiencia de su canal, pedrojota le pone un micrófono para que culmine, o lo intente, su venganza. Mourinho, su carácter y método y floren y su influencia, gestión y paragüas institucional, que son las dos riquezas del madrid actual, perseguidas con saña, con una manía demente cada día desde los mismos medios de madrid, sin necesidad de salir aprovincias, donde ya sabemos que el club es la representación del centralismo, referente negativo de todos los discursos d autoafirmación. ¿Cómo, digo yo, va a poder dejar uno de ser madridista? Y casi peor, y a la vez: ¿Y cómo, dónde, de qué manera podremos seguir siéndolo? La lucha mediática radiofónica -las doce, el prime time de las radios- y la competencia en los deportivos as y marca se traslada, poco a poco, al mundo de las televisiones de la tedeté y claro, en ese zarandeo deberá ser víctima el real madrid.
lunes, 11 de abril de 2011
miércoles, 6 de abril de 2011
Terminada Crónica General, de Juan Gil-Albert. No tengo tiempo para escribir. Todo en los márgenes y en el subrayado del libro. Tags: proustiano, facts, la historia como mezcla de erudición y fanatasía, Enrique III Valois, Calle La Paz, renacimiento, retorno de la infancia, empecinamiento en las fuentes de la infancia, ruptura sintáctica donde lo mental comienza a ser melódico y donde la quiebra sintáctica renueva la idea, reacción, Lawrence, identidad de ídolos, afinidad electiva absoluta. Chardin y la literatura francesa. La emoción vibrante de los hechos. Aquella emoción mía hecha de imaginación y de estudio. El rigorismo estrafalario de lo inglés. La españolidad del fandango yu el quejío, como raiz de la emoción española y las palmeras, presentes en mi tierra, con su melancólica nota meridional. Un libro que no sé cómo dejar y al que no soy capaz de rendir homenaje. La muda veneración, me queda, la idolatría escondida, y llevarlo conmigo y volver a leerlo cuando olvide algunas de las cosas fundamentales que en él se explican. Que en él se explican sobre mí mismo.
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