Podría excusar, con el truculento encanto que horrorizaba a Gil de Biedma, que la culpa fue de Time out of mind, pero no, la culpa fue mía. ¿Afters? Afters es lo que viene después... Me he ido por piernas del corto. Llegué ayer antes que nadie. La casa rural de puta madre, sí, pero a la tropa nos llevaron a unas cabañas cojonudas para alguna versión de viernes13 antes que una de romanos. unas cabañas tiradas en medio del campo en el que te podías encontrar un zorro o un jabalí al salir a mear. (digresión: prefiero steely dan a bach, porque bach es tan bueno que nunca se le puede escuchar, es como la puta vajilla que la madre tiene debajo del televisor que se te muere y no la has visto sacar porque se guardaba para una "ocasión especial", pues eso, bach es tan increible que al ponerlo a uno se le descompone algo a la altura del quinto espacio intercostal y no hay manera). los móviles no tenían cobertura y todos andábamos como frotándolos contra el pantalón, inquietos. Bueno, yo quizás estaba un poco más inquieto que los demás, como alguien hizo notar cuando me vio subido en una silla haciendo el discóbolo para intentar rascar una rayita. "ir a por una rayita" fue la forma en que bauticé el subir al monte a por cobertura. claro que a partir de la segunda raya de cobertura acojonaba un poco. Tal es mi estado que de madrugada estuve al canto de un duro de salir en calzoncillos a lo alto de un cerro a "buscar cober" (dicho con acento de callejeros).
mientras llegaba la compañía, los más tempraneros nos pusimos a ver la tele. se eligió el partido del fútbol, pero cuando dos amigos salieron a por bocadillos propuse a L. y F. cambiar al sálvame. Fui reprendido, pero estaba francamente interesante y digamos que yo seguía el marcador con atención. que belén perdonase a fran era para mí mucho más importante que el resultado de la selección. fran, con esa cosa estupefacta y como escayolada que tiene, se explayaba y yo glosaba sus frases: "ole", "bien dicho, así se habla, que sepa que la quieres, coño", y en una de esas me levanté y haciendo la motosierra grité "¡claro que sí! ¡claro que sí!". No sé si será perdonado, pero me vi incumbido en su papel de alguien que quiere a una mujer que jamás le perdonará. Esa tranquilidad de fran estuvo muy bien y no sé cómo acabaron porque cambiaron al fútbol. supongo que la historia tendrá un recorrido televisivo que durará meses. a mí ya no me importará. mi interés terminó anoche.
lo mejor de la compañía fue D., un cincuentón murciano teñido de rubio muy neroniano, al que nos rifábamos para que nos llevase la cabaña y Laura, la actriz principal, que se llamaba como la ciclogénesis explosiva que hoy he sufrido en la autopista.
Momento grandioso de la jornada: centro del coso romano. en el centro estamos J. y yo, como dos gladiadores metafísicos. me giro y muy serio, afligido, pero con un hilillo superviviente de retranca le pregunto: "J., ¿a ti no te resulta insoportable a veces el peso de la nada?". J. se agarra el mentón, pierde en el infinito la mirada y caviloso responde al cabo de un par de segundos: "No, la verdad es que no".
Todo lo que se aprende fuera de la escuela se aprende tarde. A veces estoy sembrao.
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