jueves, 28 de octubre de 2010

Thaks God for jazz. Escuchando el último disco de Snidero me doy cuenta de varias cosas: su versión de Time after time es exacta: no cae ni una vez en la sensiblería en la que se han hundido muchos de sus intérpretes, Miles incluído. Su time after time es tal y como yo la cantaría si supiese cantar. Además, es un compositor estupendo y prolífico y suena muy Paul Desmond, un Paul Desmond neobop, neoyorquino. Me lo recuerda, sobre todo, en una composición suya extraordinaria de título Tranquility. Tan desmondizado llego al curro, tan saxo alto es el timbre de lo que pienso (ay), que allí, llegado un determinado momento, busco el mítico concierto en Edmonton de Mr. Desmond. Me abismo, silbo, tarareo en el Wave, medio trajinando un expediente infecto, tecleo al ritmo de la batería, y vuelvo al Emily, ese bálsamo que es todo lirismo lúcido. Porque hubo un tiempo en que el Emily sonaba siempre. El Larkin del saxo alto. Mitad Bogart, mitad Allen. "Intentando sonar como un dry martini", ligeramente hiriente, seco, certero y prolongado. Meditativo pero expositivo; elegíaco sin tristeza; añorante pero no necesariamente nostálgico. Quisiera recordarlo todo con el generoso brillo de esas notas. La ternura justa para no caer en ningún pecado, en ningún exceso.

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Dice Esperanza Aguirre, con su incorregible liberalismo un poco repipi, que no sabe cómo el gobierno no regula lo que se hace en el dormitorio. Bueno, puede ser cuestión de tiempo. Lo muy masculino, poco consensuado y peludo puede estar en peligro. También el salto del tigre en calcetines, que es muy antiguo régimen.

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