viernes, 26 de marzo de 2010

viernes, 26 de marzo de 2010

Empiezo a asumir que he pasado de amante a detestador de la poesía. Para leer un libro de poemas -para ser justo, debería excluir de aquí cierta poesía anglosajona o de inspiración anglosajona-, para disfrutar como es posible un libro de poemas es necesario ser una especie de monje tibetano sin líbido. Cruzar una ciudad en hora punta ya me parece incompatible con la lectura de poesía.

No es descabellado pensar que yo sea un individuo colérico, maniático, machista, incapaz de hacer feliz a una mujer.

No hay comentarios.: