La contemplación y devoción por ciertos objetos como el inicio del sentimiento poético. A las emociones se llega por las cosas o por el ritual. La contemplación demorada de tres tazas de té, por ejemplo.
Grandísima fuerza metafórica e imaginista de Riechmann.
La importancia de Almodóvar y sus mujeres para comprender la gestualidad y hábitos de la mujer española contemporánea. Qué importante en eso Almodóvar... Almodovariano quedará como el adjetivo aplicable a lo alocado y libre de la mujer, muy cerca del absurdo. Probablemente la más almodovariana de todas sus actrices haya sido Chus Lampreave.
La pose hierática es algo totalmente antifotográfico si, como dice Agamben, la fotografía tiene por misión capturar el gesto.
Empieza el fin de semana con los tanguillos de Perico Sambeat. Toda esta energía se acabará convirtiendo en frustración; en melancolía en el mejor de los casos.
La proteína, la clave de todo estaba en la proteína. Generadora, protagonista, originadora, germinativa.
Nostalgia de Cádiz y esa sensación de romance y drama que le da el flamenco.
Remate de bulerías. Entre el hard bop y el cool, el motivo flamenco, el cajón, las palmas, pero siempre el jazz, que coge del flamenco el paisaje y unos motivos. LOs temas de flamenco jazz son siempre así: el jazz expandiéndose y cuando el solo se aflamenca todo se encierra, se empequeñece un poco. La big band muy elemental, en el mejor sentido: horizontes, agua, viento. La big band convierte los acordes que daría el piano en un paisaje, una escena. Les da volumen. Una orquestación es dar a los acordes su escenario. La orquesta, incluso fisicamente, tiene algo de estructura, de respaldo físico, de escenario, de marco. Y es jazz del sur, son acordes del sur. El solo de Perico en la bulería me sugiere la palabra estrangulamiento. Nudo y contranudo, revuelta, declamación, soliloquio, enconamiento, pero todo fluido, ágil. Lo espasmódico del jazz es maravilloso, porque no permite la articulación de la palabra para el canto, es siempre la palabra a punto de decirse, siempre el impulso de decir y antes de haberse dicho, su abandono. Eso tiene el jazz de surrealista, ese automatismo. Dionisiaco, superrealista, entrecortado, insuficiente. Siempre en las fuentes del decir, en el inicio del baile, en la región de la semifusa. Ganas de decir y no poder decirlo encadenándose. Eso tiene de poético el jazz, por ahí se le coge su secreto.
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