martes, 30 de noviembre de 2010


La muerte de Jacinto, de Jean Broc. Miroteo este cuadro y alucino, porque ya kitsch y pompier a inicios del siglo XIX, resulta muy actual. ¿No parece digno de una campaña de Gaultier o Versace? Lo kitsch tiene una rara longevidad. No sé, otro ejemplo es Bouguereau, que aparece en los poemas de Carnero y que a mí me encanta -como un mórbido erotismo femenino, una especie de sueño romántico que uno se permite, con ninfas abundantes en habitaciones de marmol, con el confortable clima moral del clasicismo protegiendo una cierta posición masculina-. Lo kitsch manipula lo culto y el canon artístico y esa espúrea utilización del clasicismo en el XIX anticipa el pop, la midcult, la manipulación comercial del canon sagrado. Lo kitsch, no tanto lo camp, debería figurar en una historia de la belleza. La belleza decaida, la que cae de un pedestal platónico, ideal, por efecto de la vulgarización o la trivialización. Remota ya, o insoportable.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Se acompaña a la música de Lully, Gluck, Rameau & Cia.

Anónimo dijo...

A. was like Hyacinthos.