jueves, 1 de abril de 2010

jueves, 1 de abril de 2010

Paso una noche febril. Unos cuantos pensamientos recurrentes, en espiral, todo muy daliniano. Sudor, dolor, escalofríos y un principio de náusea. Al despertar, resuelvo unos asuntos laborales y me dedico a escuchar una conferencia sobre Eliot a cargo de Esteban Pujals. Tiene un acento inglés ridiculamente bueno. El contenido de la conferencia no me resulta sorprendente ya que gran parte del mismo remite a la introducción de su traducción de los Four Quartets en ese delicioso volumen de Cátedra que cambió mi vida, para mal.

Tras esto, sueño y paracetamol. Leo mucho de los diarios de Orton. La parte que transcurre en Tánger es divertida, su prosa se libera, se hace más prolija, descriptiva y todo parece como soleado, relajado. Hay una curiosa reflexión de Joe sobre la felicidad junto a Kenneth, esa felicidad de hierba, sol, valiums y adolescentes marroquíes, de la que disfruta con un sentimiento cercano a la culpa. Pese a su terrible impostura y su detestación de los convencionalismos, su libertad no es absoluta; Joe se para a contemplarse feliz, -y ahí utiliza un plural porque su felicidad es siempre junto a Kenneth- y la dicha le parece antinatural, fugacísima, efímera. Nadie hay tan libre como para desear para si toda la felicidad del mundo. Nos han educado para el sufrimiento y el dolor.

Mientras escribo esto, aburrido, recuerdo una conversación de anoche en facebook. Hablaban sobre la gratuidad de la cultura. Me excité y sin demasiada reflexión y sin saber qué bando defendía, con la divertida deriva del sofista, escribí esto: "todo lo gratuito, lo novedosamente gratuito, es repulsivo e inabarcable. el precio es un circunspecto guardián de la cultura, es educado, pactado, libre, exige laboriosidad y transacción y otorga a lo adquirido un primer valor que excita el juicio. fuera del precio hay barbarie, rapiña. esa gente que descarga sin mesura es como el bárbaro que se lleva el jamón del corte inglés en todo altercado." Ahora pienso que en el acto de pagar, de entregar el dinero a quien lo coge, está encerrado el gesto del apretón de manos. Hay caballerosidad, pacto, encuentro.

Voy a cenar. Seguramente vea un partido de fútbol. O lo intente, antes de que la estupidez de los comentaristas -ese cansino jotajota-, la salvajada popular y el tedioso espectáculo de pataditas y encontronazos me aletarguen.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ay, los precios.