jueves, 27 de enero de 2011

Suena La statue de bronze. Canta no sé quién, toca Poulenc. O eso dice en los créditos. El vinilo permite que el cuerpo vibre, el cedé sólo ofrece las frecuencias que el oido puede percibir. Lo digital, y no digamos ya el spotify, es un formato un poco triste, pero a veces vibra algo con una voz. Sobre todo si el sonido es añejo. Parece que el crepitar, la nobleza madura de los sonidos, nos hace recordar el temblor físico de la música. En fin. He acabado Hablando del asunto, de Julian Barnes. Un divertido (sólo) triángulo amoroso. Huye de lo patético cuando puede y dadas las circunstancias vitales, es de agradecer. A partir de los treinta años, las obras de arte patéticas son un abuso. He apuntado algunas cosas:

*Llevaba un traje de hilo del color de una sopa de berros clara.

*Fue como intentar meter una ostra en un parquímetro (dicho sobre un fracaso sexual)

* (Esto no es nada literal, es sólo algo que me ha recordado el libro: la imaginación, digamos, vestimentaria, es musical. Los pensamientos sobre ropa, sobre vestuario, se excitan con la música. La música, digo yo, será el fundamental elemento inspirador de los modistos. Imagino a Lacroix escuchando a Stravinsky, por decir algo).

*el termítico mundo de los negocios...

*el taciturno afilador (esto me encanta: ¿no eran los afiladores inquietantemente solitarios?).

*Las aventuras amorosas corrompen.

*El comienzo del matrimonio es la época más peligrosa porque -¿cómo puedo expresarlo?- el corazón está tierno. L'appétit vient en mangeant. Estar enamorado te predispone a enamorarte.

*La mente es un moscardón, la mente es un pelele.

*Simplemente he sido yo. Por otra parte, ese yo no está fijado y decidido en la mente de Oliver como en la de Stuart. Y eso es... agradable. No, es más que agradable. Es sexy.

*Las Resoluciones de Año Nuevo.

*(Y esto lo digo yo): COnvirtámonos, tú y yo, en una sola unidad imponible.

*Yo he dejado el tabaco. Es una costumbre estúpida que estimula la autoindulgencia.

*Tengo la sensación de estar subiendo una pendiente en primera.

*No la hice tan feliz que fuese imposible que me dejase. Eso es lo que hice. Eso es lo que no hice. Así que fracasé, y me avergüenzo de ello. Comparado con esto, me importa un comino que la gente piense que mi polla no funciona.

*Cuando vives mucho tiempo con alguien vas perdiendo lentamente la capacidad de hacerle feliz, mientras que tu capacidad de herirle sigue intacta.

*El amor -o lo que la gente llama amor- no es más que un sistema para conseguir que la otra persona te llame cariño después del acto sexual.

Y más cosas. Algún párrafo estupendo que por pereza no transcribiré y algunas muestras de ingenio. NO mientes, no, economizas la verdad. Te pegas a mí como la cortina mojada de la ducha, y otras. Pero lo que me conmovió no lo apunté. Cuando Stuart, engañado, se niega a perderla y dice algo que medio recuerdo: Estaba muerto antes de conocerla y volveré a estarlo si se va. Y, menos, mucho menos, esa preocupación final por un perro, del que preocupa la libertad, la felicidad. No importa la manera, valen algunas mentiras (mentiré como un testigo presencial) y todo el dolor que sea necesario, y las putadas, y las mil travesías: todo vale por la libertad y la felicidad de los que amamos. Y por la nuestra somos capaces de las mayores tropelías. Si lo vemos desde fuera, como en esta novela de monólogos, sin narrador, todo es un poco horrible y el amor una merienda de negros, un campo de batalla.

No hay comentarios.: